Hoy, 2 de abril, día Mundial del Autismo, desde ForúmInfancias queremos sumarnos a las muchas voces que hacen visible la concienciación por las personas con TEA.

Es un tema que en los últimos tiempos nos ocupa a muchos profesionales que entrelazamos nuestras labores, especialmente desde la Educación y la Sanidad, pero también en otros ámbitos que involucran a la infancia. El número de casos está aumentando de una manera estrepitosa y cada vez se escuchan más teorías o hipótesis sobre los motivos que lo pueden estar provocando. Las hay para todos los gustos, desde la contaminación del aire y los alimentos, al exceso de pantallas pasando por la edad de los padres, pero lo cierto es que a día de hoy no hay nada demostrado.

No entraremos hoy en valorar si todos los diagnósticos son certeros, algo que ya se ha discutido en otros momentos y espacios, sino en reflexionar acerca de si se está teniendo en cuenta lo suficiente la subjetividad del niño a la hora de intervenir. Una vez que se ha concretado un diagnóstico, se han enumerado una serie de rasgos o características necesarias para decidir si se cumple o no el perfil, los distintos profesionales, maestros y terapeutas, trabajan aspectos como: la mejora de la comprensión de las normas sociales, la comunicación no verbal y los dobles sentidos, ser capaces de anticipar y predecir las distintas situaciones del día a día para vivirlas con menos angustia, adaptar los centros educativos para facilitar que se muevan de manera autónoma por ellos, entre otras muchas acciones.

Llegado a este punto de la intervención, nos preguntamos: ¿Se está escuchando a ese niño, a esa niña en su manera particular de expresar? Los profesionales interdisciplinares que formamos parte de Forúm Infancias compartimos la idea de que se puede leer un más allá de todo esto, una subjetividad propia de cada niño con diagnóstico de TEA, como de cualquier otro que no lo tenga, y poder acomodar estas cuestiones generales de la intervención, a la escucha de ese niño en concreto. Un niño con autismo no es solo un niño con un conjunto de rasgos: inflexibilidad, estereotipias, intereses restringidos, ecolalias,… cada uno de estos aspectos puede estar cumpliendo una función en su desarrollo, en su relación con los iguales o con los adultos, puede estarle ayudando a mantener un mínimo de estabilidad en un mundo que les resulta caótico e incomprensible porque quizá no hanlogrado una constitución subjetiva lo suficientemente sólida en su desarrollo, pero esto no implica necesariamente que no pueda armarla más adelante si le damos tiempo y le acompañamos. Pero para esto hay que poder mirar más en profundidad “su” ritual o “su” forma de repetir las mismas palabras una y otra vez. ¿Qué palabras son? ¿Dónde las escuchó? ¿En qué contexto?

Un espacio privilegiado para “escuchar” esta subjetividad es el juego, donde todos los niños del mundo ensayan y organizan la realidad para poder afrontarla. No podemos dejar de preguntarnos por qué los niños TEA apilan sus juguetes o miran de manera muy insistente y detallada una parte particular de los mismos. Por cierto, otros niños que no son TEA también lo hacen. Quizá sea una manera de apilar las cosas que afrontar o descubrir los mecanismos de la vida. Quizá debamos observar cómo juegan con otros niños, si con ello están buscando una reacción en concreto, si ensayan los distintos modos en los que pueden provocar respuestas, o qué papel juegan ellos cuando participan de un modo propio.

Pondré un breve ejemplo como simple muestra de la posibilidad de abrir interrogantes ante la forma de interactuar de una niña TEA: ella sabía jugar al escondite, pero solo si era ella quien buscaba. Si le tocaba esconderse, salía inmediatamente de su escondite. ¿Tendría miedo de que no la buscaran?